pietà perversa: subjetividad e identidad en la península transicional – pedro serra


Este ensayo intempestivo constituye un suplemento a la genial formulación de un “Franco como cyborg” según lectura de Francisco Larubia-Prado, artículo originalmente publicado en el periódico on line Ciberkiosk y mientras tanto editado en el Journal of Spanish Cultural Studies (2000). Asimismo, propone distintas vías de entrada en los procesos discursivos de subjetivación y de invención de identidades en la cultura peninsular transicional, es decir, en ese enclave temporal que asiste al tránsito de la Dictadura a la Democracia. Plantearé los términos de dicha entrada buscando una clave alegórica. Concretamente, y porque interesa aunar dispositivos icono-textuales, reduciré una amplia fenomenología discursiva a dos referencias, ciertamente referencias mayores del tiempo transicional: la foto de Franco agonizante y un poema de la poeta catalana Maria-Mercè Marçal. En la iconografía de Francisco Franco se destaca la inquietante imagen final de la agonía de un dictador prostrado en una cama de hospital, entubado, acordonado a máquinas que le prolongan artificialmente la respiración vital. Tenemos, así, un “Franco como cyborg”, sintagma que nos devuelve un cuerpo-máquina, significante mayor de una dictadura que llevó a cabo el aggiornamento científico-técnico responsable por el desarrollismo de los 60 de la sociedad española, factor determinante en el ulterior proceso transicional. El emblema ha sido retomado, recientemente, por Teresa M. Vilarós en el texto “Banalidad y biopolítica” (2005), lo que nos devuelve la valencia de un potente ícono cuya poética y cuya política instiga la lectura. Aun así, no es posible dejar de señalar el silencio de la ensayista con relación al texto de Larubia-Prado, en rigor, un texto con el cual simplemente no dialoga. En el amplio comentario ecfrástico que Vilarós lleva a cabo a partir de la célebre fotografía publicada en La Revista del periódico El Mundo en 1984, la ensayista destaca justamente: “De forma perversamente poética la política se vuelve poesía en el cuerpo-cyborg del dictador”. El ensayo, si incide en un primer compás sobre la imagen de Franco-cyborg, acaba mientras tanto por proponer una nueva imagen fuerte, un nuevo emblema, un nuevo ícono: el del baño de Fraga Iribarne en Palomares, inmediatamente después del conocido accidente nuclear ocurrido en 1966. En fin, este segundo ícono propuesto por Vilarós sería una especie de repetición paródica de aquello que en el primero es modulado sub specie trágica.

Bajo mi punto de vista, el argumento de la ensayista supone un desfuerzo por encontrar una nueva imaginación poético-política que, retroactivamente, relea la década de los sesenta –determinante para el posterior proceso transicional – en función ya no de la supervivencia del franquismo –en tanto macro-aparato disciplinante, moderno (el ensayo sigue a Foucault) – , mas en función del embrionario desarrollo de una “biopolítica” que cruza, sin sobresaltos, los tempos del tardofranquismo y la democracia. La España del Turismo y del Ladrillo – es decir, del crecimiento inmobiliario que acaba de agotarse (una nueva “T” perfila la imaginación del futuro: la Tecnología) –, la España postmoderna, post-política, neo-imperial y neo-liberal, en tiempos del capitalismo globalizado, como va argumentando Vilarós, es mejor representada por la fotografía del baño de Fraga, ministro de Turismo, y del embajador norteamericano, Duke. De algún modo, la elección de la nueva imagen, por parte de Vilarós, funciona en el actual contexto “revisionista”, en el ámbito de lo que se ha venido llamanda “segunda Transición”.

Sin duda la fotografía publicada en 1984 en el suplemento La Revista de El Mundo expone la imbricación del binomio hombre/máquina en una ciber-dictadura, en un ciber-dictador. Acaso la activación del tropo cyborg no haga más que visibilizar lo que puede ser muy banal: lo humano siempre ha sido maquínico, digamos, y sólo una metafísica romántica puede ‘olvidar’ ese hecho. No obstante, la valencia del tropo estriba en la atención concedida a la “materialidad de la comunicación”. Es decir, no hay que esperar a “La agonía de Franco” para activar el tropo del híbrido que integra lo humano y lo maquínico. Acaso valiera cualquier foto de Franco delante de un micrófono hablando, el sujeto y la tecnología (low tech) de la Escritura/Voz, en demanda de un irrealizable –España sujeto trascendental de una destinación providencialista, cuerpo místico determinado por una misión histórica –, dínamo transformador de conciencias que funciona sin discontinuidades y ad aeternum, libido canalizada por una máquina de autosatisfacción solitaria.

Propongo, asimismo, el análisis de un aspecto no contemplado por Vilarós o Larubia-Prado en sus reflexiones sobre la fotografía de “La agonía de Franco”. Hay, digamos, un punctum en la fotografía publicada en 1984 que no entra en la interpretación propuesta en “Banalidad y biopolítica”: me refiero a la figura de la enfermera que, situada en el ángulo izquierdo de la imagen según el punto de vista de lo observado, se confunde con el teatro maquínico. No le vemos el rostro, duplicándose así su invisibilidad. Rostro que significa mucho en esa ubicación “fuera” del encuadre, en esa ausencia que deja el rastro de lo ausente. Y no obstante, si reintegramos ese cuerpo femenino truncado, desfigurado, al conjunto pictórico, vislumbramos, paulatinamente, una enigmática y sin duda perversa Pietá. Sí, la enfermera erecta en sus atenciones maternales asépticas y el dictador en el entre-dos vida/muerte, configuran una otra escena, o mejor, suplementan el tropo de la rasura hombre/máquina que viene siendo glosado. Anótense, en este sentido, las diferentes valencias del uso poético y político del cyborg en Vilarós y en la más importante teorizadora del cyborg, Donna Haraway. Destaco, ante la necesaria brevedad, que dicha comparación deberá partir del siguiente anclaje. Si, en Haraway, el cyborg es un mito pleno de potencialidades utópicas, en Vilarós, a su vez, lo que tenemos es justo lo opuesto: el cruce hombre/máquina configura una distopía. Según me parece, el ensayo de Vilarós supone algo como una previa demonización de la máquina, ciertamente al albur de una tradición de “teoría crítica” muy incrédula de posibles maquínicos, poco o nada creyente en la maquinización de posibles.

Sea como fuere, en mi relectura de la escena subrayo la exposición impúdica de un espacio íntimo y privado, una óikos, un lugar doméstico en el que comparece un otro binomio: hombre/mujer. Suplemento fundamental, de hecho, pues el tubo introducido en la boca del dictador, además encadenarlo a la máquina, sugiere una conexión umbilical a la enfermera. “La agonía de Franco” o una Pietá perversa, sacroprofana, desfigurándose: la enfermera, diríamos, quiere salir ‘de aquella’ escena. La célebre fotografía impone pues un regreso, una revisitación, que responda también por una otra tensión: recuperando para la escena pictórica la figura femenina, es como si la fotografía nos representase no solamente la comparecencia del cyborg, pero también la resistencia al cyborg. Reinscribiendo en la escena la cuestión del sexo/género, como que se nos impone retroceder un poco en el salto post-genérico [“post-gender”] que un cyborg simboliza, según los términos articulados por Donna J. Haraway. Se observa una continuidad equívoca entre la enfermera y la máquina, lo que sin duda reedita la contigüidad que la cultura “moderna” ha establecido entre el elemento femenino y lo maquinal. En la Modernidad, efectivamente, la ergonomización de la Máquina es un proceso fundamentalmente erótico en el que el binomio hombre/mujer conlleva la asimilación de la mujer al dispositivo tecnológico.

En todo o caso, reverbera un resto de Naturaleza en esta Pietá perversa que es “La agonía de Franco”, tal vez ya sólo su cadáver pospuesto, la cascara hueca de un mito de orígenes, la facies hippocratica do su régimen de dominación. En este cuerpo figural dictatorial aberrante, también comparece la cuestión del sexo/género. En fin, para la imagen de Franco agonizante, post-humano, valdrá por último la siguiente cuestión formulada por Haraway: “cyborg ‘sex’ restores some of the lovely replicative baroque of ferns and invertebrates (such nice organic prophylactics against heterosexism). Cyborg replication is uncoupled from organic reproduction.” Nuevo input, aunque, creo, no perdemos la conexión argumentativa: el input de una teratología peninsular, ícono del cuerpo místico imperial peninsular pre-moderno, pre-democrático y de la contumaz cronotopología “barroca” en declinación ibérica.

Si Larubia-Prado y Vilarós acotan en la imagen publicada en 1984 al dictador en su condición, digámoslo así, de padre y patriarca (admitamos que tal condición es la hipóstasis del enfermo, el in firmo, el que perdió vigor, el que es casi cadáver pero aun no del todo), la emergencia de la enfermera en el teatro visual disloca ese pater noster a la condición de hijo. La Pietá perversa repone el vínculo materno-filial allí dónde pudiéramos leer tan sólo la generación paterno-filial. En la Pietá perversa el Franco patriarcal –el padre de la nación española y, por ende, de la enfermera – es conmutado por el establecimiento de una tensión con la enfermera en el papel de madre, y Franco en el de hijo. En este sentido, quizás pudiéramos reconducir la compleja retórica del tiempo generativo constelado en la fotografía “La agonía de Franco” convocando la poesía de la poeta catalana María Mercè-Marçal (1952-1998), poesía verdaderamente mayor en lengua catalana, que hacia ese mismo año de 1984 habrá encetado la escritura del poemario Desglaç.

Activista del nacionalismo y del feminismo catalán, en la obra de MMM podemos “localizar” las aporías pregnantes y los colapsos del proyecto emancipatorio de las mujeres en ese cronotopo transicional que fue también el suyo. MMM, en tanto poeta que es “mujer”, “catalana” y de “clase obrera”, su proyecto personal y político es casi simultaneo al de una Adrienne Rich, cuyas influyentes “Notes Toward a Politics of Location” (1984) son predicadas bajo la conocida ecuación de que “lo personal es lo político”. Digamos, además, que la enfermera anónima pudiera ser descrita por lo que MMM decía de si misma en tanto persona auto-consciente del lugar social heredado: “mujer joven sin personalidad, colonizada y sin lengua”. Llengua abolida, justamente, el título de su poemario publicado en 1989 (reúne su producción lírica del 73 al 88), un título que referencia tanto la tópica de la mujer muda como la realidad histórica de la persecución y proscripción de la lengua catalana.

Abreviando mi argumento, considero que la obra poética de MMM es también un lugar de intensidades que nos devuelven la dificultad del cambio, la dificultad de la Transición –lo que Eduardo Subirats nombró como intransiciones – en tanto que no fue algo “exterior” a los individuos. Subrayo: la dificultad del cambio radicó en los individuos mismos; la tensión emancipatoria desplegada por una poeta mujer pasa por la noción y el agon, encarnados por MMM, de que mediar un proyecto emancipatorio en función de la complejidad intrínseca al rol “poeta mujer” se enfrenta a bloqueos y fracturas “interiores”. MMM, como Sheila Rowbotham, responde con su obra poética, en tanto proyecto estético y político (quizás mejor: político porque tensionado prioritariamente por lo estético), pudiera haber formulado: “Parte de esa dificultad soy yo misma”. Acometo sin más preámbulos, aunque son sin duda necesarios, a la dificultad agonizada en la poesía de MMM. Ella no es otra que la que tenemos en el poema de la primera sección de Desglaç que lleva como epígrafe unos conocidos versos de Sylvia Plath, “Every woman loves a fascist”. Convengamos, por cierto, que esta es una poeta, y este es un poema – “Daddy” – que pudiera servir para tratar del predicamento de una lectura feminista de ambas poetas. Sea como fuere, el poema de MMM, como el de Plath, son respuesta luctuosa a la muerte del padre, son trabajo de luto en clave poética. Antes de avanzar en la lectura, reproduzco el poema en catalán y su traducción por Clara Curell:

“Cada dona adora un feixista…”
Sylvia Plath

Aquella part de mi que adorava un feixista
-o l’adora, qui ho sap!
jeu amb tu, jau amb tu.

No l’espanta la tomba. Cridada des de sempre
al domini més fosc,
mor amb tu, i viu de tu.

Ofrena tremolosa, no sap sinó seguir-te
i arrapar-se al teu mal
com al port més segur.

Medusa desossada, allò que de mi resta
malda per completar-se
sense tu, lluny de tu.

El bisturí vacil.la. Qui em viu a l´altra banda?
I com podré pensar-te
com si jo no fos tu?

*

“Toda mujer adora a un fascista…”
Sylvia Plath

ESA parte de mí que adoraba a un fascista
-o lo adora, ¡quién sabe!
yace contigo, pace contigo.

No le espanta la tumba. Llamada desde siempre
al reino más oscuro,
muere contigo, y vive de ti.

Ofrenda temblorosa, sólo sabe seguirte
y aferrarse a tu mal
como a un puerto seguro.

Medusa deshuesada, lo que queda de mí
lucha por completarse
sin ti, lejos de ti.

El bisturí vacila. ¿Quién me habita ahí afuera?
¿De qué forma pensarte
como si yo no fuese tú?

En el programa poético de MMM pulsan las tensiones de a agenda feminista, pautadas por las claves de Virginia Wolf: “matar el Ángel de la Casa” en tanto “mujer joven en una habitación con un tintero”. Desde el lugar marginal que ocupa (mujer, catalana, poeta, clase obrera) MMM nos dice hacia 1984 en uno poema que el “Punk is not dead”, un punk acaso fantasmático que significará matar el “Ángel” y reponer en su lugar a “Ángela”. Son estos los versos del poema: “Ángel no, sino ángela / rebelde, sin un cielo / que perder o ganar”. Tremendos versos que nos devuelven un sujeto lírico simultáneamente dentro y fuera de un tiempo emancipatorio, es decir, revolucionário. ¿Porqué “sin cielo”, es decir, sin futuro, no future? Porque la “dificultad” es contumaz, y la dificultad no es otra que la dureza del lenguaje heredado, lenguaje marcado por el tatuaje de la “llengua abolida”, la lengua castrada.

MMM se enfrenta, en este sentido, a la ausencia de armas discursivas que permitan: i. superar la determinación falocéntrica del lenguaje; ii. unir bajo un “nosotros” (una clase más que una supuesta naturaleza) prístino las ángelas de la historia. La obra lírica de MMM predica estas aporías: “Y no sé, oscura hija / del mar y del fuego, / qué arma o qué reclamo / puede echar a este viejo / desleal del futuro. / Ni encima de qué puente / de barcas astilladas / el fuego de una ola / nos unirá en la lucha”. Lo político es personal, sí, y en ambos está clavada la imagen de “este viejo desleal del futuro” que, en rigor, replica en toda la primera parte de Desglaç, pero no sólo. El padre muerto. Salir del impase sólo, verdaderamente, con una política del cuerpo – que, por cierto, habría que cotejar con la dominante fisiológica del “teatro feminista francés”, Kristeva, Irigaray, Cixous, Wittig y su amplio espectro de écriture féminine – que, en MMM, pasa por el amor lésbico (notoriamente presente en Desglaç en la sección “Contraband de llum”, y no desvinculado de la problemática planteada por el “viejo desleal del futuro”) y por las potentes imágenes de maternidad controversial que abundan en su obra poética.

Es esta maternidad controversial que me permite regresar al poema reproducido. El duelo del padre implica sin contemplaciones en MMM su auto-representación ontológica – su subjetivación, digamos – y ésta tiene, además, una contraparte política, bloqueando su auto-representación identitaria. El yo es un tu (como dice el poema, yo soy tu, y el bisturí sólo puede vacilar ante la separación), y ante la ausencia del tu, el yo tiene que activarse como doble, como duplo: hay una parte de mí en ti, que sigue contigo, que muere contigo, y que siendo parte de mí no es completamente yo. La activación del doble, del duplo, no rasura la tensión dialéctica entre el Padre y la Hija, pero sí la re-ecuaciona con un planteamiento que, en fin, podemos asimilar al que tenemos cuando emerge la enfermera en la fotografía de “La agonía de Franco”. El yo que también es tu, achica al Padre, lo incorpora como hijo. Uno de los poemas en que esto se modula es el que lleva por título “Sobre una pintura de Frida Kahlo”: “Tengo en mi cabeza una cabeza de hombre / –¡matriz sin salida! / Darlo a luz me mata / guardarlo me da la muerte”. ¿Porqué esta “matriz sin salida”? Digamos que este encerramiento uterino del Padre/Hijo interrumpe la violencia de la maternidad (en tanto máquina de reproducción de lo patriarcal y de su lenguaje) y, de paso, corrige toda una mitología que rasura la dominante femenina en la maternidad, atribuyéndola al hombre. Atena hija nacida del cráneo de Zeus, por ejemplo. La imagen del padre achicado en hijo es parte de un programa poético y político de deshielo, es decir, de subrogación de los corsés discursivos que coartan la fluidez de los cuerpos individuales y sociales. Otra cosa no significarán, en fin, los posibles de lectura que se abren respondiendo a la enfermera anónima (por cierto: ¿quién es? ¿dónde está?) de “La agonía de Franco” en tanto Pietá perversa.

Pedro Serra (1969) é Professor Titular da Universidade de Salamanca, Departamento de Filologia Moderna, onde é docente responsável sobretudo por cadeiras de literatura portuguesa. Os seus âmbitos de ensino incluem, ainda, o barroco em Portugal e a poesia portuguesa contemporânea. Os livros publicados mais recentemente são Síntomas de la modernidad en Eça de Queirós (2003), Conversas Civis. Estudos sobre Francisco Manuel de Melo (2003), Romance & Filologia (2004), Um Nome Para Isto. Leituras da Poesia de Ruy Belo (2004) e Um Intelectual na Fobolândia: Estudos Sobre o Ensaísmo de Fidelino de Figueiredo (2005). Co-organizador, com Osvaldo M. Silvestre, de Século de Ouro. Antologia Crítica da Poesia Portuguesa do Século XX (2002) e co-autor, com Ana María García Martín, da edição crítica de O Hissope. Poema Herói-Cómico, de António Dinis da Cruz e Silva, tendo ainda editado outros clássicos portugueses do século XVII. Coordenou o volume de ensaios Modernismo & Primitivismo (2007). Organizou, em 2007, o colóquio Demasiados zapatos para una cenicienta. Poesía e invención de identidades: jóvenes poetas gallegas (Salamanca). Membro do Júri do Premio de Romance Cidade de Salamanca (2004-2009) é coordenador desde 2007 do curso de doutoramento em Filologia Moderna e, desde 2008, subdirector do Departamento de Filologia Moderna da Universidade de Salamanca.

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